“El Gestor convoca. ¿Está preparada la escuela para trabajar con ofertas culturales externas? ”
(abstract)
Durante el periodo comprendido entre los años 2003 al 2005 como diseñadora y coordinadora general del programa educativo Abasto Central y con la experiencia de haber recibido más de 300 visitas en el lugar, puedo decir que el rol del gestor cultural dentro de la escuela hasta el día de hoy ha sido delegado a diversos miembros de la comunidad educativa como asistentes sociales, bibliotecarios, fonoaudiólogas, en casos de existir los mismos, y en otros a duras penas ha sido el docente quien ha cumplido ese rol.
Antecedentes:
El programa educativo Abasto Central debía por un lado concretar un anhelo de filantropía empresarial, y por el otro implementar un programa educativo aprovechando la potencialidad del lugar, considerando que es el primer eslabón de comercialización dentro del circuito productivo de la ciudad.
Los resultados superaron nuestras expectativas y el proyecto se realizó durante tres años consecutivos, donde la visita de alrededor de quince mil niños confirmó la aceptación de la propuesta.
La puesta en marcha de este proyecto logró satisfacer la necesaria experiencia del trabajo de campo en los alumnos de las escuelas primarias*, por otro lado hacer participar a todos los miembros de la sociedad en la transmisión de conocimientos a nuestros jóvenes e incluir a todos los actores sociales como animadores culturales.
Fundamentos
Cuando el gestor externo al establecimiento educativo o la entidad convocante realiza una propuesta, sabe que hay pasos a seguir y expectativas a satisfacer entre todos los actores.
Las actividades proponían el desarrollo y la integración, mediante la experimentación, la comprobación del conocimiento, la integración de las distintas etnias que conviven entre el campo y la ciudad, compartiendo experiencias de vida, entre otros enfoques propuestos, para ello era fundamental el compromiso previo de la escuela en la actividad.
Desde la convocatoria hasta el momento de la llegada al lugar la oferta era clara y estaba escrita, quienes solicitaban participar sabían cuales eran las posibilidades de trabajo, incluso enviábamos por correo electrónico el contenido de la folletería que les daríamos a los niños para poderlo trabajar previamente en el aula.
Cuando comenzó el programa me llamaba la atención el uso del término “paseíto”, como la idea del premio por haberse portado bien, y aun más llamativo los grupos que venían tratando de cumplir con determinadas cantidad de actividades fuera del establecimiento, exigidos por alguna normativa.
Para tratar de revertir esto éramos cada vez más específicos en las actividades que se realizarían.
Eso no evitaba que se perdieran contingentes enteros o que llegaran 2 horas tarde por equivocarse de destino, (significa que no se corrobora previamente la dirección del lugar).
En otros casos no tenían las autorizaciones a tiempo, o directamente no venían por los paros sorpresivos y ¡ni siquiera tenían la delicadeza de avisar! cuando por norma y para la organización de cada visita pedíamos confirmación de asistencia durante la semana previa a la misma.
Durante el segundo y tercer año al finalizar la actividad se invitaba a los niños a participar de un concurso de plástica, donde el tema a desarrollar es la visita al Mercado. Debo decir tristemente que podíamos contar con los dedos de una mano los colegios que participaban.
Al retirarse se les entregaba un presente y un material didáctico en forma personal para poder saludarlos. Este pequeño acto complicado y ruidoso era el cierre de la visita y el último contacto que teníamos.
El esfuerzo que se realizó por cada visita fue grande y exigía a la coordinación un gran esfuerzo personal, eran muy pocos los que llevaban cuadernos para tomar nota, pero al final del recorrido habían tenido una muy buena experiencia , generalmente algo que no esperaban recibir.
Sintetizado hoy después del tiempo transcurrido puedo afirmar:
Los docentes que estaban a cargo del grado en un 80% no habían leído el material enviado.
Un 10 % de los docentes no sabían a donde iban.
El 50% solo venían por un paseíto y el otro 50% porque la oferta resulto atractiva o por recomendaciones de otras docentes.
Las visitas que eran programadas por asistentes sociales u otros miembro de la planta educativa eran las más provechosas y efectivas.
Solo el 0.5% envió trabajo para los concursos y generalmente eran grupos acompañados por docentes de plástica y asistentes sociales.
Sabemos sobre la dificultad de instalar en nuestra sociedad una conciencia cultural y más aún de los escasos programas culturales gratuitos orientados a la educación, con financiamiento privado.
También sabemos que bien aprovechados afianzan el conocimiento y enriquecen la educación, pero que además hacen vivir la ciudad como un lugar de constante aprendizaje.
Según mi experiencia la ausencia del gestor cultural generó una nueva exigencia al docente para poder cumplir con estas actividades fuera del aula.
La ausencia de una planificación específica para las actividades externas en los establecimientos educativos, diseñados con objetivos y contenidos que se complementen con los conocimientos adquiridos en el aula, son los generadores de los “Paseítos”
No se puede delegar en otros actores como asistentes sociales, bibliotecarios, fonoaudiólogas, por nombrar algunos, el rol del gestor cultural como se ha venido haciendo hasta el momento, porque no es su función específica.
Los establecimientos y los docentes deben tener el apoyo y asesoramiento de los GC para la programación y concreción de las actividades fuera del aula.
Entonces … ¿la escuela está preparada para salir a las ofertas culturales externas? los alumnos están listos para nuevas ofertas culturales, para nuevas experiencias y para un aprendizaje que se complemente con el académico, la escuela recién ahora está empezando a ver las posibilidades pero debe adaptarse al cambio. Y para ese cambio necesita la inclusión de una nueva figura el Gestor Cultural.
*El número de participantes de 45 alumnos (máximo) por visita y se dirigió específicamente a 5°, 6° de EGB y 1° año ESB, por motivos de conducta y currícula.